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Tiempo de continuidades

Tatiana Landín
5 ene 2021
2 min de lectura

Te entrego este fragmento-memoria:

Nela, instantáneas fecundas


Lo que hace el tiempo[1] me exige acomodar mis marcos temporales: esos que crecen como memoria subterránea en las páginas de esta tesis. ¿En qué momento la sintaxis corporal expone mis días en suspenso? Enrumbé la construcción de este trabajo investigativo entre el recuerdo y la fortaleza psíquica. Un tiempo frágil. Un duelo fluctuante. El germen de la tesis en los días de pandemia y su batalla contratemporal. Llego hasta aquí convencida de que Nela Martínez fue sostenimiento. Acercarme a su trabajo significó un ejercicio de constante blindaje: lectura y presencia. Ahora, su imagen-archivo potente recorre el presente, contagia e invade. Y desde ahí emerjo con el deseo de empapelar la ciudad con su palabra, de irrumpir en lugares anestesiados y en un acto de simbiosis perpetua, poner en común su pensamiento.


Tal vez ahí empieza la primera deuda con la memoria-tesis. El reordenamiento del corpus archivístico de Nela Martínez significó una serie de decisiones: la primera, como lo concebí en los orígenes, prescindir de las experiencias y miradas de otras lectoras. Sigo creyendo que incorporar el efecto de recepción de variadas subjetividades es un ejercicio transversal que posibilita la incorporación de identidades otras. Esta elección pluraliza el análisis y alimenta la discusión que como investigadora necesito para nutrir también mi propia experiencia. Vencida por la realidad pandémica orienté mis acciones hacia la lectura personal, pero siempre enmarcada en un horizonte colectivo. Me doy cuenta de cuán vigente resulta la frase: “Unidas, repito, luchando cuánto conseguiríamos” (Martínez 2012, 51) y me apropio de la fuerza simbólica de estas palabras convencida de que releer juntas es indispensable para los caminos de las luchas que atravesamos las mujeres. Oriento este presente continuo a la pregunta que me hubiese gustado contestar: ¿qué nos dice hoy Nela Martínez a todas? ¿cómo su palabra se convierte en material de reflexión y de creación propia? Y hablo de un nosotras interpelante y que cuestiona las acciones de un Estado que desmantela las políticas públicas y programas de prevención contra la violencia hacia la mujer en todas sus manifestaciones. Atraigo a Nela a este presente, mientras me acerco a los textos de inmenso compromiso social donde ella denunciaba las desiguales condiciones de existencia frente a un Estado miope que privilegia ciertas vidas-mercancías. Al parecer esa realidad se muestra similar a la de nuestros días. Un ejercicio unísono. ¿Qué le decimos ahora? Que las mujeres seguimos buscando nuestros derechos, exigiendo, reclamando y uniéndonos para denunciar las atrocidades del régimen patriarcal. La percepción actual no se distancia de las reflexiones que Nela entabló en sus múltiples frentes: la persistencia de un sistema que oprime y dificulta la búsqueda del beneficio común. Leer a Nela es reactivar el malestar. Tal vez la meta sigue siendo la misma: confiar en que los horizontes organizativos son claves para dirigir nuestros propios espacios de reivindicación.

[1] Es el título del poemario de la escritora venezolana Yolanda Pantin publicado en 2017 y XVII Premio Casa de América de Poesía Americana. Paso revista a mis escapes poéticos, pues ayudaron a revitalizar las variantes de un lenguaje a ratos doliente y estático.


 
 
 

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