Me yergo para tocar tu memoria con las manos (Lo que le contesté a Gaby Ruiz)
sábado 16 de mayo
La tristeza encuentra su mejor disfraz en la quietud. Acostumbrarse al dolor no es nada fácil y más aún, cuando las tareas diarias exigen al cuerpo reponerse y continuar. Actualmente me encuentro en la fase final de mis clases de maestría y eso implica acomodarme a las clases en líneas. Es así que luego de mantener una reunión de la maestría que curso via zoom, tuve que apagar la cámara para no delatar las lágrimas que incontrolablemente se manifestaban. Una pantalla negra, se convirtió en la metáfora de la fragilidad. Ese mismo día encontré la página de la dedicatoria (Gaby interrumpe, indaga más e insiste en saber qué libro era).
Le digo que era Madame Bovary. Recién me doy cuenta de que mi abuelo me regaló mi primera edición propia cuando tenía 16 años. Sé que leí esa obra porque una profesora de secundaria me prestó su libro y siempre quise tener la mía. También sé que me deshice de ese libro porque era una edición muy pesada, difícil de manipular y arranqué la primera página de la dedicatoria. Conservo una hoja rota, símbolo de la fractura y de la memoria que insiste en recobrar su sentido.






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