Gatitos en el parque o cómo la fragilidad se abandona en una esquina
Actualizado: 8 jun 2020
domingo 10 de mayo

Hoy se celebró el día de las madres. Revisé las fotografías del almuerzo que enviaron al chat y las ausencias se hicieron evidente. Me impacta la fuerza arrolladora del tiempo: la vulnerabilidad expresada en una escena familiar. El año pasado esa misma celebración nos reunía a todos en una postal completa: mi abuelo en la totalidad de un plano general cuya composición escondía el engaño de la permanencia. Una imagen de un momento que camufla el terreno movedizo donde se levanta el edificio familiar. Sin idealizar la escena, encuentro un refugio para las batallas de la memoria.
Para mí no hubo reunión y como la mayoría de los fines de semana, aproveché la mañana para sacar a mi perro a caminar. Hicimos el recorrido habitual: caminamos por la avenida principal y dimos la vuelta al parque que queda cerca de mi casa, sin embargo, nuestro paseo quedó interrumpido cuando un pequeño gatito nos salió al paso. No pude ser indiferente y de inmediato me acerqué a revisar de dónde provenía este animal: no era el único, se encontraba junto a tres gatitos más. Uno de ellos estaba arrimado al muro que rodea al parque, su posición me impactó profundamente y pensé que estaba muerto. Para mi sorpresa, esos gatitos habían sido encontrados por los policías del PAE que se encuentra en el parque y aunque parezca mentira, ellos los tenían cerca y al menos algo protegidos. Entonces decidimos dividirnos a los gatitos , ellos se quedaron con dos y yo me llevé al más débil que era que realmente me preocupaba y al otro gatito que como un pedido de auxilio, salió a mi encuentro.
Mi desesperación era total. Comencé la búsqueda de un veterinario que estuviera disponible y cerca del lugar donde vivo, pues yo no tengo automóvil y al ser fin de semana, no había transporte. Por suerte, encontré a un especialista a varias cuadras de mi casa. La caminata la sentí más larga que de costumbre. Sé que la desesperación por salvar la vida del gatito se imponía en mi prisa por llegar. Y allí estaba yo en medio de calles vacías caminando con dos gatitos en una bolsa, queriéndole ganar la batalla a la muerte. Ya en la consulta, el veterinario me dijo que el gatito no iba a resistir porque estaba muy desnutrido, su glucosa era de 11 (después de varios intentos en tratar de sacarle un milímetro de sangre, pues debido a su estado el líquido no fluía). Me dijo que lo intentara y me lo llevé a mi casa junto al otro gatito. El cuerpo inerme y desprotegido. Y yo. aferrada a no dejarlo partir.





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